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A la nueva versión del Central de Montero le falta más juego

Ese Central "distinto" del que habló Montero en la previa hasta aquí no extrañó a Pinola y muy poco a Musto. Hoy parece ser la ausencia de Teo Gutiérrez, quien hacía la pausa, lo que lleva al equipo a buscar los partidos de otra forma

No hay alarmas que se hayan encendido en Central ni mucho menos. Es demasiado pronto para conjeturar sobre si esta nueva versión canalla está capacitada para ser protagonista o si le alcanzará apenas para mantenerse en la medianía. Sí el partido contra San Lorenzo dejó en claro que hace falta un golpe de timón. Nada de cambios bruscos ni cosas por el estilo. Más si Paolo Montero considera que estos nombres son los indicados para transitar ese camino imaginado en la previa. "Las características de los que vinieron no son las mismas que las de los que se fueron", dijo el DT canalla antes del inicio de la Superliga. "Somos conscientes de que tenemos que mejorar", reconoció el mismo protagonista tras el flaco empate contra el Ciclón. A confesión de parte, relevo de pruebas. Si Montero dijo aquello y ahora dijo esto es porque lo piensa, lo siente. Y, sobre todo, porque nota que el equipo está lejos del ideal.

Hay un recorrido que se puede hace línea por línea. Es que en todos los sectores del campo de juego hubo cambios importantes. Pero la primera reflexión, inequívoca por cierto, es que las principales falencias están en la zona media, en materia de generación. A prima facie, ¿dónde está la máxima añoranza? En Teo Gutiérrez. No por la calidad propia (demostrada con creces) del colombiano, sino porque es en esa posición en la que Central reposaba su fútbol. Y no se trata de una cuestión meramente de nombres, sino que es algo más complejo o cuanto menos más abarcativo. No obstante, vaya el recorrido línea por línea para intentar explicar esa extraña relación entre los que ya no están, los que llegaron y su incidencia en el juego.

La ida de Musto

Si hubo un jugador en los últimos años que se transformó en un emblema de Central ese es Damián Musto. Por capacidad de juego, pero fundamentalmente por presencia, justo en un puesto en el que ese atributo suele ser todo. Para cubrir esa vacante llegaron dos futbolistas: Santiago Romero y Leonardo Gil. En realidad el uruguayo es quien reúne las características de mayor similitud con el casildense. Quienes pensaron que el Colo zurdo podía cumplir ese rol se equivocaron de cabo a rabo. Sólo en medio de una apuesta sumamente arriesgada por parte de Montero o en medio de un partido, en caso de que el juego lo requiera, el ex Talleres podría calzarse ese traje. Por ahora es Romero quien cumple esa función y que tampoco quedó en el ojo de la tormenta en los tres partidos disputados. Seguramente por ese dominio que el canalla ejerció contra esos tres rivales, a los que se les hizo complicado generar situaciones claras de gol.
   Metros más, metros menos recorridos en el campo, más o menos presencia, Romero no fue hasta aquí el talón de Aquiles del equipo.

Sin Teo

En los papeles, por Teo Gutiérrez llegó Zampedri. Como buenos delanteros, la efectividad en el área contraria es lo que determinará las diferencias o equivalencias. Para eso habrá que esperar. Para lo que es incidencia en el juego, ya hay material para el análisis.
   La idea madre, la que parece ya establecida, es que a este Central le falta generación de juego. ¿Dónde están las mayores diferencias, esas que Montero ya visualizaba en la previa? Teo era quien jugaba en inmediaciones del área, haciendo que Ruben fuera la referencia más concreta en la zona de sentencia. Hoy eso no ocurre. Porque en los dos primeros partidos, Ruben se encargó de ir más en busca de la pelota que Zampedri, no así contra el Ciclón, cuando decidió (tal vez por pedido del DT) armar campamento en el área.
   Un análisis rápido: con Zampedri y Ruben, dos delanteros de características similares, el desequilibrio inexorablemente debe llegar por las bandas, donde Camacho y Carrizo deben marcar la diferencia. Y hoy ninguno de los dos, especialmente el Pachi, está cumpliendo con ese cometido.
   Antes, Teo jugaba más afuera del área y su buen control de balón, muchas veces con movimientos propios de un enganche, les daba un tiempo más a los volantes, quienes podían asociarse rápido o bien buscar espacios mientras la pelota reposaba en los pies del colombiano. También a los laterales, lo que le otorgaba al equipo otro tipo de apetito, claramente más voraz.
   Allí parece estar la grieta entre lo que era y lo que es. Porque ni siquiera se puede hablar de que la salida de Gustavo Colman haya provocado una merma en la gestación. Es que el ex Chacarita siempre fue (y lo es) uno de los jugadores de mejor trato de balón y más prolijo en el traslado, pero desde que llegó (incluso en la época de Coudet) se movió demasiado lejos del área, asegurando el pase a un compañero, pero incidiendo poco en el desequilibrio.
   La falta de ese actor pensante, capaz de jugar y hacer jugar al equipo es lo que llevó a Montero a hablar de ser "más pacientes". Lo que resta saber es si el problema de la falta de juego se soluciona con la salida y/o inclusión de un jugador o si se debe echar mano a otro estilo y/o esquema.

¿Cambio en puerta?

De lo que no caben dudas es que la gran principal barrera que hoy tiene Central enfrente no está en la solvencia defensiva ni en el equilibrio del mediocampo. Fortaleciendo la idea de que sólo van tres paridos (apenas dos por el torneo) y que no hay ninguna luz roja que se haya encendido, a este equipo de Montero le urge pulir esa nueva idea a la que el técnico hizo referencia en la previa o bien meter algún retoque, ya sea desde lo nominal o de orden táctico. Es que hasta aquí el cambio es evidente, pero esa nueva versión lo que está haciendo es afianzar una imagen desmejorada.

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