Junio 17, 2018

Continuamos los Especiales de los Mundiales, en esta oportunidad, Inglaterra 1966.


Pickles. Lo que no pudo hacer Scotland Yard lo logró éste simpático can, que encontró la copa mundial exhibida y robada de la Abadía de Westminster en los suburbios de Londres luego de 8 días de desaparecida. Sir Stanley Rous, el flemático presidente inglés de la FIFA respira aliviado, se puede dar inicio a la infausta parodia pergeñada para que la octava Copa Mundial quede en el continente europeo, cueste lo que cueste.

Récord de inscriptos (70 países) y ausencia de los equipos del continente africano, que no estaban de acuerdo con tener una sola plaza compartida con los asiáticos y los oceánicos.

Los locales eran ahora dirigidos Alf Ramsey, hombre que estuvo 6 años en el frente de batalla de la Segunda Guerra Mundial, situación que forjó aún más su carácter. Sus únicas palabras al momento de asumir fueron “Ganaremos la Copa del Mundo”.

Argentina finalmente concurre con un equipo con pretensiones y Brasil con los insignes ilustres veteranos de sus dos campeonatos ganados, de tal manera que generó un ácido comentario del gran periodista inglés Brian Glanville “El DT Feola tiene una devoción por la veteranía que raya en la geronotofilia”.

Alemania libera a su eterno y anciano DT Herberger y asume su ayudante técnico de los últimos 6 años, Helmut Schon. El sistema puede estar conforme, el secreto del fútbol teutón continúa resguardado en buenas manos. Y también presenta a un joven fuera de serie, un tal Franz Beckenbauer…

Una vez comenzado el torneo se perciben ciertas situaciones que hacen pensar que el fútbol y el libre albedrío sudamericano no van a imponerse a las pretensiones del omnipotente presidente de la FIFA. Veamos…

En el primer partido de Brasil ante Bulgaria es golpeado impunemente Pelé (nuevamente…), con la complicidad del árbitro inglés Finney, lo que provoca la eliminación posterior de los sudamericanos ya que no se repuso a tiempo para la derrota ante Hungría y se retiró en camilla contra Portugal, dos potencias europeas.

Uruguay clasifica en el grupo de Inglaterra, arrebatándole un empate en cero en el debut al local, y demostrando que podía ser un rival de temer.

Argentina logra vencer a los poderosos españoles con dos goles de Luis Artime (“el que no sabe jugar”, “el que le pega con la tibia”, “el que está siempre de espaldas”), empata en cero con Alemania y doblega a los suizos. En el empate con los teutones, los criollos parecían dirigidos por el Mariscal Petáin en la batalla de Verdun  al grito de “No pasarán”, golpeando excesivamente, con un rigor físico peligroso y dando argumentos casi irrefutables para “gestionar deportivamente” su posterior exclusión del mundial.

Simultáneamente se producía una de las sorpresas más increíbles del mundial.

Italia, de la mano de su DT Edmondo Fabbri, presenta mayoría de suplentes para jugar con los ignotos coreanos. Es entonces cuando la profesión supera al oficio. Un dentista del ejército norcoreano, Pak Do Ik, hace el gol del triunfo ante los itálicos y los deja fuera del mundial. “Vergogna” titularon los diarios. Al locuaz profesor italiano no se lo escuchó hablar nunca más en toda su vida.

Una vez en los cuartos de final se produce una curiosa simetría que no fue antojadiza. Árbitro inglés para Alemania vs Uruguay y referee alemán para Inglaterra contra Argentina.

Otra vez mister Finney hace gala de sus aptitudes ya que con el partido igualado en cero no ve lo que si observan los 35721 espectadores y 22 jugadores de campo presentes en el estadio de Sheffield, una brutal mano en la línea del defensor Karl Schellinger ante un cabezazo del oriental Roche, continuando el juego al grito de “siga, siga!!”.

Alemania derrota a los 9 desorientados uruguayos que quedan en cancha por 4 a 0. La trama secreta va adquiriendo forma.

En el cruce en el que los locales triunfan por la mínima ante los argentinos el juez alemán expulsa a Antonio Rattín por hacer ademanes incomprensibles para solicitar un intérprete (posteriormente se pudo constatar el acta arbitral donde figura que fue expulsado “porque lo miró con malas intenciones”). A partir del mundial siguiente, a raíz de ésta situación, comienza la implementación del lenguaje universal de las tarjetas amarilla y roja.

Con los sudamericanos eliminados el mundial europeo estaba asegurado.

En semifinales alemanes y rusos se fajan de lo lindo en lo que parece la revancha de la batalla de Stalingrado, triunfando los bávaros.

Por la otra llave los locales vencen a los portugueses del goleador Eusebio (nacido en Mozambique pero defendiendo los intereses de los lusitanos por ser colonia) y se aseguran el pase a la final.

Inglaterra – Alemania. En un mundial plagado de maniobras turbias, la final no iba a estar exenta de ellas.

El partido estaba 2 a 2 cuando un disparo del inglés Hunt pega en el travesaño, pica y es despejada por un defensor alemán al tiro de esquina. Gol para el árbitro suizo Gottfried Dienst. Curiosamente la TV inglesa nunca exhibió la repetición en slow motion de la jugada y los alemanes nunca tuvieron acceso a ese documento.

Inglaterra finalmente vence 4 a 2 y obtiene por primera, y hasta ahora única vez, la Copa del Mundo, con las mismas armas de los alemanes: les demostraron que podían correr más y correr mejor, con un Bobby Charlton deslumbrante.

Violencia. Potencia física. Maniobras turbias. Arrebatos arbitrales. “El mundial de la fuerza” según definió el legendario periodista español Pedro Escartín.

Luego de dos mundiales de similares características el destino del torneo era sórdido, triste y sombrío, se necesitaba un urgente resurgir del fútbol arte que se encontraba con respirador artificial en terapia intensiva. México 70 era la última oportunidad y, curiosamente, el arco iris de la resurrección tendría solamente dos colores: verdeamarelo.

Continuamos con los Especiales de Mundiales, en esta oportunidad Chile 1962.


En el congreso de FIFA de 1956 el delegado europeo esgrimía “Imposible ir a jugar a ese país, está en el fin del mundo y no tiene nada”.

Carlos Dittborn, histórico dirigente del fútbol chileno respondía categóricamente “Porque nada tenemos, todo lo haremos”. Es así que el mundial de 1962 se disputó en el país sudamericano.

Nuevo récord de países inscriptos, más de 50, y clasificación de todos los campeones (Uruguay, Italia, Alemania y Brasil) y el resto de los países más fuertes, entre ellos Argentina, URSS, España, Checoslovaquia, Inglaterra. Clasifica también por primera vez a un mundial Colombia, bajo la dirección técnica de un argentino, Adolfo Pedernera, empatando y haciéndole 4 goles al mítico arquero ruso Lev Yashin en un encuentro inolvidable, luego de ir perdiendo por 3 goles.

Se entra en una etapa de dudas y cambios, donde las tácticas defensivas y la violencia como su medio de expresión comienzan a imponerse, lideradas por un suizo llamado Karl Rappan, inventor del cerrojo suizo o del también conocido “catenaccio”.

Argentina debuta con Bulgaria y gana por la minima, en un partido memorablemente aburrido. Un diario local titula el encuentro “Más malo que el que le pegó a tu mamá”. Muy gráfico.

Chile, el local, se enfrenta en primera rueda con Italia en un clima excesivamente hostil, ya que dos periodistas italianos, Ghirelli y Pizzenelli, escriben referencias nada halagüeñas sobre el país anfitrión. Chile triunfa 2 a 0, con lesionados y expulsados de por medio. El referee del cotejo fue el inglés Astin, comodín y el preferido de Sir Stanley Rous, mandamás de la FIFA, muy útil a sus voluntades pero con escasísimo perfil profesional.

Brasil debuta contra Méjico y bate a la “Tota” Carbajal en su cuarto y penúltimo mundial. En el segundo partido se lesiona Pelé y se perderá el resto del mundial, reemplazado por un ignoto Amarildo, que fue a ser eterno suplente del primero y tomar nota de las combinaciones etílicas que pueden hacerse con el tradicional pisco chileno y terminó siendo un baluarte del equipo carioca.

En Inglaterra deslumbra Bobby Charlton, sobreviviente del accidente aéreo de Munich.

Sin embargo, en lo que debería haber sido un partido de fútbol se desata el inicio de una tragedia.

En el encuentro Yugoslavia – URSS el delantero bosnio Mujic se desentiende del balón y le quiebra tibia y peroné al defensor soviético Dubinsky. El árbitro alemán Dusch no ve la agresión y no sanciona ni pita falta. Con posterioridad, los jugadores y dirigentes yugoslavos decidieron expulsar a Mujic, quien nunca mas jugo con la selección. Pese a seguir jugando, el soviético nunca se recuperó de la doble fractura que derivó en un sarcoma, posteriormente le amputaron la pierna y finalmente en 1969 fallece debido a la infección de la mortal herida.

Seppl Herberger, aún a cargo de la selección teutona, siempre había dicho “Todo lo que no prohíbe el reglamento, hasta el límite mismo, hay que hacerlo”. Sin embargo, a raíz del cariz que estaba tomando el mundial sostuvo “Si no se vuelve a las leyes del deporte, éste torneo está muerto”.

Continuando con ésta exposición Jimmy Greaves, extraordinario goleador del equipo inglés que enfrenta y elimina a Argentina en fase de grupos, expuso “Aquí hay muchos que saben pero que no están jugando a nada, tienen miedo que si retienen la pelota venga un contrario y los mate”.

Sin Pelé en cancha, la figura del mundial es la de su compañero Garrincha, que deleita y vence en cuartos a los mencionados ingleses con jugadas mágicas de ensueño. Un periodista de la casa real, para dar una magnitud de su volumen de juego redacta “No sabemos si el arquero inglés Springett ve demasiado poco o si Garrincha ve demasiado bien”. Y para no dejar dudas sentenció “Este arquero no ataja ni vuela, simplemente vuelca”.

Ya en semifinales los checos enfrentan a los yugoslavos. El primero es considerado como el germen del fútbol total que después desplegarían con tanto éxito los holandeses, con increíbles rushs y cambios de frente y posicionales que desconcertaban completamente a los rústicos defensores yugoslavos.

Por la otra llave llegan el local y los brasileños. Estos últimos vencen 4 a 2, pero en una jugada es expulsado Garrincha, la figura, situación que sumada a la de Pelé complica notablemente las posibilidades de revalidar el título obtenido 4 años antes.

Aún no estaba vigente la suspensión directa para el partido siguiente cuando había una expulsión, sino que el Comité de Ética debía reunirse, expedirse y fijar posición.

El presidente del Brasil envía un telegrama a la FIFA solicitando clemencia “en nombre de la alegría del pueblo brasileño”

Es entonces cuando Sir Stanley Rous dice, tras una pausa “Seven was cautioned, nine was suspended” (Siete fue amonestado, nueve fue suspendido). Garrincha, el 7 juega. Landa, el 9 chileno, fue suspendido.

Sin embargo un checo, Novak, paso a la historia como el hombre que anuló a Garrincha, quien no pudo superarlo una sola vez en todo el encuentro con sus características gambetas y quiebres de cintura.

Pero aparece Amarildo, quien dejó de ser el reemplazo de Pelé y paso a lucir su nombre propio. Los sudamericanos vencen 3 a 1 y consiguen su segunda copa mundial, y en forma consecutiva, hito solamente logrado por Italia.

Ahora si, podemos despojarnos de las armaduras y los cascos, el mundial ha concluido.

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